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martes, 1 de octubre de 2019

Boda Sangrienta | Reseña

octubre 01, 2019 0





Por Indira García.


Los títulos cliché que suelen ponerle en español a películas de terror hace que nos limite a querer verla porque podemos pensar que es “más de lo mismo”. Eso pasa con Boda Sangrienta, su título en inglés Ready or not nos hubiera dado un mejor aproximado a lo que venía.

La historia, tan simple como absurda, trata de una tradición familiar en una boda de la que el recién casado no le ha platicado a la novia. Esta tradición es sencilla, consiste en sacar una carta y el ente que los cuida será quien decida que van a jugar y para desgracia de la novia, le toca la carta de las escondidillas que, traducido a satánico, significa que tienen que matarla antes del amanecer o todos los integrantes de la familia morirán. No dan mucha explicación ni trasfondo, la película va directo al grano y te pone a los muertos en la mesa desde el primer momento.

Lo interesante del primer arco de la historia es que, ella no sabe que pasa. Todos consiguen un arma mientras cuentan hasta 100 para ir a buscarla y ella, inocente e incluso decepcionada de que esté pasando así su noche de bodas, se esconde de todos. Es hasta que ve de reojo cómo matan a una sirvienta por accidente mientras la buscan que se da cuenta de que en realidad no es un simple juego.

Los padres y hermanos del recién casado insisten en que no puede sobrevivir, pues según el pacto que tenían con la persona que les dió toda la riqueza a su familia, implicaba que si ella no moría todos los que formaban parte de la familia iban a morir enseguida. 


Hay algunas escenas que recuerdan a You’re Next y probablemente es lo que quisieron lograr con REC 3. Boda Sangrienta es una cinta que si hubiera salido en los ochentas hubiera pasado a la historia entre los slashers mejor recordados, pues maneja perfectamente el balance entre la comedia negra y los puntos de tensión. Hasta tiene la típica escena con la final girl frente a todo el desastre, cumple todos los puntos de un buen slasher.

No escatimaron nada en lo gore, hay sangre por montones y escenas gráficas complementadas con chistes que le quedan como anillo al dedo. Los personajes aportan muchísimo al resultado final, no por su profundidad ni desarrollo, sino por su simplicidad cliché. Tenemos al alcohólico, a la drogadicta que no suelta la coca en ningún momento, el tío gordito y simpático que no sabe ni qué hace ahí pero está dispuesto a cooperar mientras googlear le ayude, la tía abuela amargada y, por supuesto, el enamorado que haría lo que fuera por salvar a su amada.

Rituales satánicos, destripados y al menos un par de carcajadas es lo que ofrece la película. Está bien lograda y es muy entretenida. Palomera, claro, pero con calidad, buenas actuaciones y mucha sangre.

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sábado, 23 de febrero de 2019

¿Podrás perdonarme? (Can you ever forgive me?)

febrero 23, 2019 0

Por Carolina García. 
La carencia en la vida del arte. 


El placer del alcohol inyectado en el cuerpo humano a través de su saliva como para aliviar la decadencia en su ser, nubes gigantescas compuestas por tabaco y otras sustancias tóxicas afanadas al hombre y en ese orbe, coleccionistas, intelectuales, escritores, los famosos, los exitosos, y los que no, aquellos que ya no venden postrados en una mesa de rebaja en la Crosby Street BookSellers con uno de los títulos de Lee Israel, la escritora que romantizó cartas falsas de celebridades por sumas de dinero. 

Las memorias de Leonore Carol Israel bajo la dirección de Marielle Heller rebosan en los Estados Unidos del 91, luego de ser botada de su empleo, tres meses de atraso en su alquiler y una gata enferma, Israel, reproducida por Melissa McCarthy, se vuelca al mundo delictivo al lado de un alcohólico callejero de nombre Jack Hock (Richard E. Grant), falsificando algo así como 400 cartas de algunos literatos. 


Fanny Brice, Noël Coward y Dorothy Parker, se inmortalizan por una carta, expedida de una máquina especial para cada uno, adquirida por un coleccionista, por otro y por otro a precios escandalosos e incomprensibles en el mundo de las piezas a través de un amarillo anaranjado en el color de las tomas fotografiadas por Brandon Trost, 

Bajo un disimulo de soberbia y arrogancia, Carol se describe como una escritora cobarde, huyendo de su capacidad poética para dejarle a la humanidad sus letras y no un puño de nada, en ese caso, con un manojo gestual de McCarthy acompañado de la corporalidad para su caracterización de personaje, que se propone como una evolutiva, lo hace para el deguste, sin dejar por lado la actuación, reconocida por la crítica, de Grant, extravagante, ingenioso y atractivo para sea cual sea el gusto de la audiencia. 


Amiga, la vida es triste. La depresión en el arte y la inmersión de ello en el espectador para naufragar en el seso del personaje principal… El descuido caótico de Israel en sus ropas, en su hogar, en su ser más querido, desmiembran a la artista. ¿Podrás perdonarme? retiene la pupila para aguardarla hasta el final de los 107 minutos por la intriga morbosa del acto criminal. 

De cómo sobrevivir en el arte, el estancamiento personal de la mano con el declive interno y superfluo por el envejecimiento, ha sido nominada a tres Oscar en la categoría Mejor actriz, Mejor actor de reparto y Mejor guion adaptado. La producción de Fox Searchlight ya se encuentra disponible en recintos comerciales.


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viernes, 14 de noviembre de 2014

BIRDMAN o La inevitable virtud de la ignorancia

noviembre 14, 2014 0


“La popularidad es la prima puta del prestigio”

Por: Jaime López Blanco

¿Cómo se puede reseñar la nueva película de Alejandro González Iñárritu? ¿Es una cinta que habla sobre la fama o sobre la obsesión del ser humano con el éxito y la popularidad? ¿Es una crítica a la industria del cine y del teatro? ¿Es un meta retrato de la carrera de Michael Keaton, a quien se le puede considerar como la personificación fidedigna de miles de actrices y actores que yacen en el limbo artístico esperando la oportunidad perfecta para su come back, para así demostrar que son más que unos cuantos personajes? o; ¿Es una comedia negra acerca del estancamiento profesional y personal de aquellos individuos que buscan el aplauso o la admiración colectiva como sinónimo de su propio resurgimiento o supervivencia?

Quizá sea todo eso y más pero seguramente esta historia sobre un actor venido a menos, de nombre Riggan Thomson (Michael Keaton), que busca revivir su éxito taquillero de hace 20 años,  con una obra de teatro dirigida, escrita y protagonizada por él mismo, encuentra en las manos del realizador mexicano, González Iñárritu, una muestra de verdadero talento cinematográfico detrás y en frente de las cámaras.

Es el proyecto más arriesgado de Iñárritu, no solamente por tratarse de su primera comedia, sino por alejarse un tanto de las situaciones dramáticas llenas de tremendismo argumental. Acá no hay accidentes de automóvil como en “Amores Perros” o “21 gramos” (aunque sí existen los “choques” de carácter y la colisión entre varios personajes); no existen las consecuencias desgarradoras a manos del destino como en “Babel” ni los melodramas recargados de violencia innecesaria como en “Biutiful”.  El “Birdman” de Iñárritu es una bomba de tiempo a punto de explotar pero filmada de manera íntima, mesurada y aderezada con hermosas metáforas visuales.

En lo que sí tiene coincidencia con los trabajos anteriores del realizador mexicano es en cruzar las historias de sus personajes, pero en esta ocasión fotografiadas magistralmente por Emmanuel Lubezki en algo que pareciera un plano secuencia interminable, aunque no lo es (reforzado por la magnífica edición de Douglas Crise y Stephen Mirrione), quizá porque la vida al igual que cualquier show –ya sea de teatro o de cine- debe continuar y no tiene cabida para los cortes. Reconocimiento aparte para los emplazamientos de cámara en primer plano o medium shot que emiten la sensación de una narrativa más introspectiva, cercana, para nada fría.

El diseño sonoro o score, a cargo de Antonio Sánchez, fortalece el sentimiento de riesgo que Iñárritu quiso imprimir a su “Birdman”. Por varios momentos podemos escuchar redobles de tambores interrumpidos que parecen el preámbulo del caos que está a punto de vivir el protagonista u, otras tantas veces, anuncian el atropello existencial en el que se encuentra Riggan Thomson, cuya vida es el inicio de una melodía sin completar, sin acabar.

Referente a las actuaciones es casi seguro que veamos nominados a Michael Keaton y Edward Norton en la próxima entrega de los Oscar; el primero como actor principal y el segundo como actor de soporte. La química es innegable y el choque de sus personalidades también. Sus personajes parecieran dos polos opuestos con métodos diferentes para resaltar dentro del mundo del arte y del espectáculo pero que, a final de cuentas, los une su ego y la obsesión para volver a ser notoriamente populares.

El resto del reparto no tiene desperdicio, lo que demuestra la buena dirección de actores a manos del “Negro” Iñárritu. Emma Stone encuentra un rol más profundo y alejado de sus papeles de comedia como la hija ex drogadicta de Michael Keaton; Naomi Watts encarna -con sensibilidad y honestidad- a una actriz madura e insegura que encuentra tardíamente un hilo de éxito al presentarse en una plataforma codiciada por muchos actores: Broadway; Amy Ryan expele comprensión y dulzura como la ex esposa del personaje de Michael Keaton y; hasta Zach Galifianakis nos hace olvidar sus roles “guarros” al presentarnos a un productor de teatro medio histérico pero también medio maquiavélico, el cual intenta sacar a flote el barco existencial de la obra que tiene como capitán a su amigo de antaño, Riggan Thomson, el otrora también “Birdman”.     

Con “Birdman”, Alejandro González Iñárritu demuestra versatilidad y buen ojo cinematográfico detrás de las cámaras. Se consolida como un gran narrador visual (hace más con menos) y añade un aire de autocrítica a  ese escenario en el que se ha desenvuelto durante la última década de su vida (desde “21 gramos” hasta su presente cinta).

Iñárritu abre las alas muy alto para entregarnos una cinta negra como su apodo (recargada con maravillosos diálogos desenfadados); virtuosa como la segunda parte de su título, pero que también puede considerarse una pieza de destreza artística que se atreve a confrontar la ignorancia y pasividad de muchos espectadores cinematográficos, quienes optan por consumir un cine de héroes o de acción estéril que poco ayuda a crear una verdadera valoración y regeneración del que debiera ser el arte supremo del ser humano, la vida.