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lunes, 3 de septiembre de 2018

Ana y Bruno: Cine Mexicano en Ascenso | Reseña

septiembre 03, 2018 0


Por Diego Rodmor.

Hacer animación en México es una tarea complicada. Antes de llegar a las grandes cadenas de cine, los proyectos enfrentan una infinidad de obstáculos durante su proceso de creación. Al llegar, la competencia que tienen con otras producciones extranjeras es en la mayoría de las ocasiones despiadada. La industria se ha visto inmersa en un círculo vicioso donde afortunadamente siguen existiendo entusiastas dispuestos a abrir nuevos caminos para romper este tipo de maldiciones. 

Me es grato decir que las cosas han cambiado dentro del cine mexicano. Durante los últimos años hemos sido testigos de varios proyectos que sin ningún problema podrían competir con otros trabajos internacionales e incluso superarlos. No sólo ha mejorado la calidad técnica de nuestros filmes sino también sus contenidos y se han abarcado más géneros dándole un respiro a una industria que se sentía repetitiva. 

Ana y Bruno llega en un momento oportuno y al igual que otros filmes animados nacionales tiene todo para cautivar al público mexicano. Su director Carlos Carrera, quien años atrás nos trajo filmes como Un Embrujo o El Crimen del Padre Amaro, no sucumbió ante las presiones propias del cine comercial y nos presenta un filme de autor, que aunque es para el público infantil cuenta con un melancólico y oscuro relato que podrá disfrutar el público en general. 


Ana llega junto con su madre a una casa de descanso y su padre promete regresar por ellas en unos días. Pronto conocerá a Bruno, un extraño ser que habita en el lugar y que vive junto con otros peculiares personajes. Ana no tardará en darse cuenta de que aquel lugar es en realidad un hospital psiquiátrico y que existe un ente maligno que quiere lastimar a su madre. Ahora Ana tendrá que viajar con sus nuevos amigos para buscar a su padre y pedirle ayuda. 

La película cuenta con un trabajo de animación que quizá no destaca tanto como el de otras cintas mexicanas del género. Sin embargo su genial historia es interesante, divertida y toca temas complicados para un público infantil de un modo brillante logrando un trabajo excepcional. 

Basándose en la novela de Daniel Emil, Carlos Carrera nos entrega un largometraje que habla sobre la soledad, la muerte y la depresión apoyándose en un relato que recuerda un poco a Coraline y La Puerta Secreta por el tono que presenta. 

El gran logro de la cinta que dirige el otrora director de Backyard: El Traspatio, es la forma en la que va presentando cada uno de los elementos que conforman su historia, manteniendo un interés en el espectador para que poco a poco vaya atando cabos. Los personajes son simpáticos, la presencia del monstruoso antagonista resulta imponente, hay momentos enternecedores, secuencias desgarradoras, giros argumentales que aunque se ven venir logran generar cierto impacto. Una conmovedora aventura que genera su propia identidad a través de personajes profundos y emotivas situaciones. 


Creando una atmósfera que al parecer se ubica en los cincuenta. La película presenta a varios personajes con diseños atractivos y que además tienen sus propios conflictos creando deliciosas subtramas dentro del relato. Ana se verá obligada a viajar para salvar a su madre viviendo así una aventura en la que estará acompañada por estos divertidos seres y en la que conocerá a otros personajes que la ayudarán en su misión. 

Damián Alcázar, Marina de Tavira, Silverio Palacios, Héctor Bonilla, Regina Orozco y Mauricio Isaac son algunos de los actores que prestan su voz para darle forma a este filme de animación que tardó en cocinarse más de diez años. Resulta satisfactorio saber que la espera valió la pena y que la película le da aún más fuerza a una industria cinematográfica que va en ascenso. 

Carlos Carrera presenta con Ana y Bruno, un trabajo arriesgado e inteligente que destaca por su tono, por su identidad, por las sensaciones que logra generar. Una película que disfrutarán chicos y grandes, un gran paso para la animación mexicana y un proyecto que reitera la calidad de una filmografía nacional que durante los últimos años se ha sentido bastante fresca.

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viernes, 1 de junio de 2018

Eres Mi Pasión | Reseña

junio 01, 2018 0

Por Mario Alberto Hernández Vega.

Faltan 14 días para que el mundial de fútbol Rusia 2018 comience, esto atraerá la atención de millones apasionados del balón pié, por lo que la cartelera aprovecha esta euforia y comienza a proyectas película relacionadas con uno de los deportes favoritos de los mexicanos.

El planteamiento de la película contrapone la pasión por el fútbol de nuestro protagonista VS su relación de pareja. Esta es la premisa que intenta contarnos la nueva comedia del cine mexicano. 

Eres mi pasión nos presenta a Pedro Gallo (Mauricio Isaac) un dueño de una escuela de manejo que ama por sobre varias cosas al fútbol. Cuando su esposa Lourdes (Mariana Treviño) lo corre de la casa al ponerle un ultimátum, decide darle una vuelta a su vida y unirse a un grupo de adictos para superar los problemas que tiene en su vida. Ésta es un remake de El fútbol o yo, película argentina del 2017.



Eres mi pasión busca la risa fácil y lo hace a través de una supuesta identificación, ya que nuestro protagonista casi siempre viste con playeras de equipos de fútbol, es seguidor al Cruz Azul y frecuentemente sufre burlas de los demás porque ese equipo lleva más de 20 años sin ganar un campeonato de liga en México. Vemos una oficina llena de artículos de la escuadra favorita de Pedro y las constantes quejas de su esposa por poner más atención a lo que sucede con el fútbol que con su familia. 

Y la película está llenas de situaciones absurdas que no tienen relación con la verdadera pasión que un hombre pueda tener por el fútbol. Los conflictos comienzan desde que inicia la película: El protagonista está en el estadio Azul apoyando a su equipo y al finalizar el partido recibe la llamada de su esposa para enterarse que un familiar ha muerto, una secuencia que después nada tiene que ver con la evolución de su historia, ni siquiera se vuelve a mencionar ese suceso. 

Las actuaciones son decepcionantes. El protagonista, Mauricio Isaac (a quien vimos en Así es la suerte y El Infierno) muestra un rango actoral muy plano, nunca llega a convencer ese sentimiento de sufrimiento por su equipo y mucho menos, cuando tiene conflictos con su esposa por la afición al fútbol; es más, ni las celebraciones de un gol se sienten auténticas.

Desafortunadamente Mariana Treviño realiza el mismo personaje que ha interpretado en los últimos años (Club de Cuervos, Cómo cortar a tu patán, ¡Hombre al agua!). Juan Pablo Medina es por demás predecible, interpretando un empresario que intenta una relación con Lourdes al ver los conflictos que ella tiene con su marido. 


Y si creíamos que las actuaciones son lo peor, las situaciones lo son aún más, como ejemplo, Pedro ingresa a un grupo de alcohólicos anónimos para combatir su adicción al fútbol, inventa historias disfrazadas para poder desahogar sus problemas. Allí conoce a Furia (Silverio Palacios), quien lo ayudará con su adicción. Cuando éste se da cuenta que en realidad Gallo no es alcohólico, lo apoyará  a superar sus problemas de fanatismo al soccer. 

La película es dirigida por Anwar Safa, director de El Jeremías, la cual le valió buenas críticas e incluso su protagonista fue galardonado con un premio Ariel, pero quien también dirigió Las 13 esposas de Wilson Fernández, una serie muy mala en la plataforma de Blim.
 
Pareciera que las películas en México mantienen su interés por una comedia mediana, por ello los productores dejan de un lado la exigencia, conformándose con historias planas, con personajes e historias sin desarrollar; pero siempre con actores de moda encabezando el elenco para llenar las salas de cine. Y si la audiencia sigue consumiendo este tipo de productos, los realizadores de cine en nuestro país cada vez nos darán películas deplorable, las cuales cuesta lo mismo pagar un boleto por ver Isla de perros  de Wes Anderson o Sueño en Otro Idioma de Ernesto Contreras que Tuya, Mía, te la Apuesto con Adrián Uribe.

El cine que se realiza en México está agonizando. En lo que va de la década, se han realizado un sin fin de comedias absurdas que son de fórmula, que son predecible y que al final no funcionan como productos de calidad, pero que por alguna razón la gente llena las salas para verlas. Ésto se debe a que la mayoría de éstas películas son proyectadas con más de mil copias, tienen enorme difusión en medios y porque, nuevamente, son protagonizadas por los actores de moda. Y es preocupante que trabajos como Sopladora de Hojas, Vuelven, Sueño en Otro idioma, por mencionar algunas, y siendo excelentes filmes, debido a su carencia de promoción, la audiencia ni siquiera sabe que existen y por ello son ignoradas en las salas de cine.

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