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sábado, 18 de mayo de 2019

En los 90s | Reseña

mayo 18, 2019 0


Por Carolina García.

Una retrospectiva de cuando las calles aún eran inundadas por jóvenes sin precaución, de la moda holgada, las Tortuga ninja, los videojuegos y caricaturas de la época… En los 90s (Mid90s), dirigida por Jonah Hill, se desarrolla desde la catastrófica relación familiar de Stevie (Sunny Suljic) hasta la inmersión en el skate y sus declives.

Nominada a los Critics’ Choice Movie Award (Mejor intérprete joven), se desenvuelve en 84 minutos a través de la óptica de Stevie, quien intenta probar nuevas atmósferas para escapar de la “porquería” familiar. Al cabo de conseguir una tabla, Suljic se sumerge al orbe skate con un par de sujetos mayores que él, inmersos en las preocupaciones adolescentes, alcohol, tabaco, sueños y un montón de problemas familiares.

Para todo trabajo hay que tener una mente artística o creativa (...) No se puede actuar como un robot… Entre el argumento fílmico desdoblado en la coproducida por A24, se vislumbran las aspiraciones del grupo conformado por Fuckshit (Olan Prenatt), Ray (Na-Kel Smith), Ruben (Gio Galicia) y Fourth Grade (Ryder McLaughlin), fiesta, universidad, una tabla nueva o la dirección cinematográfica.


La cinta se filma bajo el lema “no soporto tanta mierda”, pues desde los primeros cuadros, con paredes teñidas de color verde pistache, se denota la opresión de un hermano mayor hacia el pequeño en un intento de sacar la ira acumulada desde su infancia y develada casi a mitad del film. Mientras que el principio se hace con un combinado de los créditos, proyectando el trabajo colaborativo que rodea a los productos del séptimo arte.

¿Evolución o involución? Durante el rodaje, la disyuntiva moral debatida entre los modales y lo soez, Stevie se introduce en aquella rebeldía “característica” en los adolescentes… En su interpretativa, Suljic lo hace natural y crea un pacto empático con su personaje y el espectador, sin mostrar arrebatos arbitrarios, más bien justificados por la trama construida a través del guion. 


El vestuario seleccionado para cada personaje joven acompaña el éter vivido en los noventa, las prendas holgadas como protagonizando su físico, sin embargo, el escogido para el encarnado por Sunny hace un incansable esfuerzo por dar a conocer el fanatismo de éste hacia los videojuegos, series o caricaturas de la época, como si el personaje no tuviera más que un atiborrado de playeras estampadas en su clóset.

Wave of mutilation (Pixies), Shitfit (Bad Brains), We’ll let you know (Morrisey), entre otras de rap, componen algunas escenas casi completas hasta hacer desaparecer el diálogo, un recurso nostálgico nuevamente.

La ópera prima del nominado en dos ocasiones al Óscar combina una reconstrucción nostálgica de la década de los 90, vista muy lejana después de casi dos décadas de aquel ambiente, con un mensaje del consumo humano hacia la autodestrucción iniciada en los núcleos familiares y desatada en los vicios, sin poder reparar en ello (?).

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miércoles, 14 de febrero de 2018

El Sacrificio del Ciervo Sagrado | Reseña

febrero 14, 2018 0

Por Diego Rodmor.

Yorgos Lanthimos es, sin duda alguna, uno de los autores más interesantes de nuestro tiempo. La peculiar obra de este cineasta griego ha dado mucho de qué hablar a través de diversos festivales de cine. Ha ganado ya varios admiradores que siguen de cerca sus rarezas fílmicas. Trabajos tan bizarros como Dogtooth, Alps y The Lobster lo han colocado como uno de los directores contemporáneos más extravagantes de la industria. El Sacrificio del Ciervo Sagrado, su más reciente largometraje, está ahora en carteleras y promete ser igual de brutal y desconcertante que sus películas anteriores. 

La historia nos presenta a Steven y Anna, quienes están casados. Él es un reconocido cirujano y ella una respetada oftalmóloga. Tienen una familia y una vida tranquila. Hasta que llega Martin, un adolescente sin padre que lleva una extraña amistad con Steven y que poco a poco empieza a amenazar la tranquilidad de la familia. Steven tendrá que realizar un sacrificio al empezar a sentir que está a punto de perderlo todo. 


Lanthimos nos presenta un trabajo que desde su primera escena resulta crudo y capaz de hacernos sentir cierto desagrado. Conforme avanza el metraje, lentamente lo que se muestra empieza a atrapar al espectador, quien es imposible que sienta indiferencia ante lo que está viendo. El perverso relato finaliza y nos deja una sensación de incomodidad, muchas preguntas y tan sólo un puñado de respuestas, nos hace sentir extrañamente satisfechos ante la historia que nos acaban de contar pero alterados después de esas emociones experimentadas. Así es el cine de este creador griego y buscar esas sensaciones dentro del espectador es su propósito. 

Apoyándose por segunda ocasión en actores de Hollywood como los fenomenales Colin Farrell y Nicole Kidman, no es sino el joven actor Barry Keoghan quien sorprende al interpretar a un personaje que resulta misterioso y perturbador. 


Mucho se hablaba de la pérdida de la autoría del cineasta ante la influencia del monstruo hollywoodense. Sin embargo el filme es cine independiente con todo el sello de su director quien en esta ocasión retoma la mitología griega para relatar esta historia de venganza. Y aunque quizá no esté al nivel de sus filmes anteriores, sigue siendo cine que se agradece por incomodar y volarnos la cabeza. 

Las escenas son crueles y están cargadas de una belleza hipnótica en la que destaca como siempre la frialdad en los entornos y en las actitudes de los personajes de Yorgos Lanthimos, quienes tienden a expresarse siempre de un modo seco. Aunado a eso, la desesperante música cumple también un papel fundamental durante cada una de sus asfixiantes secuencias. 


Resulta admirable que por momentos, en ciertas técnicas del filme, puedan saborearse influencias de autores como Michael Haneke o Stanley Kubrick. Acierto que se aprecia indudablemente. 

Explorar a Yorgos Lanthimos es adentrarse en un trabajo en el que abunda la violencia no sólo visual sino también simbólica y que por lo tanto impacta por la sorpresa de su golpe. Sin embargo resulta satisfactorio transitar por esos caminos ilógicos que nadie hace tan creíbles como este autor griego. 


El Sacrificio del Ciervo Sagrado es un trabajo aterrador de una enorme calidad cinematográfica que pretende incomodar al espectador y del cual resulta inevitable no impactarse. Es cine que te lleva por caminos inesperados, que te golpea de forma visual, auditiva y que se queda rondando por tu mente durante un buen rato. Si una obra fílmica es capaz de hacer eso, el cine entonces se habrá convertido en arte.

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